Así eran tus mentiras, bien camufladas, por cierto.
Te doy la enhorabuena por ello, tardé en darme cuenta de lo que tramabas, aunque fuese demasiado tarde y yo ya estuviese dispuesta a entregarte mi corazón con un bonito lazo de adorno.
Claro, menuda ingenua, pensarías.
Y yo siento haberlo sido, y no haberme dado cuenta de que el dulzor de tus mentiras eran lo que más me atraía de ellas.
Pero todo lo dulce, empalaga, y así, dejé de sentirme atraía por ellas, y por ti.