nos tocaba gritar,
gritarle al mundo por habernos separado
en vez de ser valiente y
admitir
que todo había sido nuestra culpa.
todo fue por una pequeña estupidez
pero,
al fin y al cabo,
lo pequeño acaba siendo lo más grande
y si no, que se lo digan a nuestro primer beso.
hoy nos tocaba llorar
llorar tan fuerte,
con tanta desesperación
que nuestros pulmones gritasen auxilio
por miedo a ser ceniza.
y nosotros ahora somos eso, ceniza
porque no existimos,
y si lo hacemos, quizá nunca resurjamos.
pero deberíamos,
por ser pequeños,
por ser a la vez grandes,
por querernos.
por siempre.
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