confieso
que tu risa era lo más hermoso
y que me encantaba
escucharla por las mañanas.
confieso
que ese brillo de tu mirada
era lo más bonito
que pude ver nunca.
confieso
que todo es cuesta arriba
cuando no es tu aliento
el que me alienta a seguir.
confieso
que las cosas duelen
como mil dagas en la espalda
como un corazón triste.
y un corazón triste
es lo que tu has dejado.
así
con tu partida
la confianza se ha esfumado.
y que mas da que los pájaros ya no canten
si nosotros, nos hemos rendido en ganarles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario