Ya no estás.
Un día, decidiste que habías tenido suficiente de mi con cuatro polvos y dos besos mal dados, cogiste todo lo que creías que te pertenecía, y saliste de la que era nuestra habitación.
Te llevaste cuatro botellas de vodka del barato y la mitad de mi roto y maltratado corazón.
Un día, decidiste que aquello que la gente llamaba amar no era lo tuyo, y decidiste que lo que tu buscabas no podrías encontrarlo jamás entre aquellas cuatro paredes blancas; así que te marchaste.
Cogiste todo lo que pudiste, cogiste hasta lo que no te pertenecía y te largaste.
Ya no recuerdo cuanto tiempo ha pasado desde entonces, solo se que aunque fuera haga un sol radiante, aquí dentro no deja de llover, de hacer un tiempo horrible.
Ya no recuerdo que era aquello que llaman sonreír, supongo que la gente feliz lo sabe bien, no hacen otra cosa que no sea sonreír, pero eso es porque tu no apareciste en su vida prometiendo todo y dejando solamente medio corazón magullado, el cual va a necesitar las siete vidas de un gato para volver a sonreír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario