se enamoró
de una mirada gris acompañada de una triste sonrisa,
del tacto de
sus caricias un domingo a las tres de la madrugada.
se enamoró
del sonido de su propio nombre entre sus labios,
de lo
hermoso que eso le parecía, acompañado de una sonrisa.
y se enamoró
de como un martes lluvioso a su lado era el mejor momento que podía vivir.
se enamoró
de su mente,
de sus
manías, sus sonrisas, e incluso, sus chistes malos.
de como su
nombre sonaba como una sinfonía si era él quien le llamaba
o de como los
abrazos eran el refugio más seguro.
y en ese
instante, comprendió, que esos son los amores que no puedes perder, los que se
quedan contigo
en un martes
lluvioso, y te consuelan en los domingos de resaca.
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